Los aditivos son todos aquellos compuestos químicos, ya sean naturales o artificiales, que se añaden al alimento para mejorar una característica organoléptica, tecnológica o de conservación. Los aditivos no tienen porque seguir el código E, también puede ser usado en su lugar su nombre común o científico. No se considera aditivo una sustancia que aumenta el valor nutritivo de dicho alimento. Su uso en la industria alimentaria esta muy extendido y están sometidos a un estricto control que nos garantizan su seguridad.
La controversia de los aditivos proviene principalmente de su desconocimiento y de la opinión pública generalizada. La presencia de aditivos en los alimentos es un tema que preocupa a una gran parte de la población ya que desconocemos los efectos a largo plazo de muchos de ellos. Se ha demostrado científicamente que existen aditivos capaces de hacernos desarrollar intolerancias alimentarias, algunos tipos de alergias, trastornos digestivos, avitaminosis, irritaciones, toxicidad, cáncer, etc. Por supuesto, también se han realizado estudios sobre aditivos en los que no se han encontrado efectos perjudiciales para nuestra salud. Mantener al consumidor informado sobre la composición de los alimentos que ingiere es estrictamente necesario. En términos legales el etiquetado de los alimentos está sometido a una rigurosa normativa que debe cumplir para que el producto pueda salir al mercado. La normativa exige que aparezcan todos los aditivos que el alimento contiene y si el alimento ha pasado todos los controles necesarios hasta llegar a las estanterías del supermercado podemos confiar plenamente en el etiquetado, pero al leerlo nos encontramos con una serie de nombres científicos que solo causan rechazo al consumidor. En pleno siglo XXI, "en la era de la información", muchos de nosotros podríamos buscar que son esos productos, para que sirven, que efectos adversos pueden tener y si estás leyendo esto sabes que es tan fácil como poner el nombre del compuesto en un buscador y encontrar alguna fuente de información fiable. Por otro lado muchos de los consumidores no tienen acceso a ese tipo de información o tienen bajos niveles de estudio y no se hace nada por ilustrarles, solo se les confunde consiguiendo aumentar el rechazo hacia los aditivos. En muchas ocasiones es el mismo consumidor el que se niega a informarse, ya que prefiere comer "tranquilo" a saber lo que realmente está consumiendo, vivir con un miedo constante y no poder disfrutar con su familia de un rico refresco de cola.
El conocimiento nos permite elegir. Debemos perder el miedo a saber que estamos comiendo, informarnos todo lo que podamos y contrastar esa información. Mirar cada una de las etiquetas de los productos. Debemos pensar que los aditivos son herramientas que nos permiten mejorar los alimentos, pero que usados de forma errónea pueden provocar graves problemas de salud. Tener nuestra opinión propia y no dejarnos llevar por la masa. En definitiva, debemos evitar que nos engañen.
La controversia de los aditivos proviene principalmente de su desconocimiento y de la opinión pública generalizada. La presencia de aditivos en los alimentos es un tema que preocupa a una gran parte de la población ya que desconocemos los efectos a largo plazo de muchos de ellos. Se ha demostrado científicamente que existen aditivos capaces de hacernos desarrollar intolerancias alimentarias, algunos tipos de alergias, trastornos digestivos, avitaminosis, irritaciones, toxicidad, cáncer, etc. Por supuesto, también se han realizado estudios sobre aditivos en los que no se han encontrado efectos perjudiciales para nuestra salud. Mantener al consumidor informado sobre la composición de los alimentos que ingiere es estrictamente necesario. En términos legales el etiquetado de los alimentos está sometido a una rigurosa normativa que debe cumplir para que el producto pueda salir al mercado. La normativa exige que aparezcan todos los aditivos que el alimento contiene y si el alimento ha pasado todos los controles necesarios hasta llegar a las estanterías del supermercado podemos confiar plenamente en el etiquetado, pero al leerlo nos encontramos con una serie de nombres científicos que solo causan rechazo al consumidor. En pleno siglo XXI, "en la era de la información", muchos de nosotros podríamos buscar que son esos productos, para que sirven, que efectos adversos pueden tener y si estás leyendo esto sabes que es tan fácil como poner el nombre del compuesto en un buscador y encontrar alguna fuente de información fiable. Por otro lado muchos de los consumidores no tienen acceso a ese tipo de información o tienen bajos niveles de estudio y no se hace nada por ilustrarles, solo se les confunde consiguiendo aumentar el rechazo hacia los aditivos. En muchas ocasiones es el mismo consumidor el que se niega a informarse, ya que prefiere comer "tranquilo" a saber lo que realmente está consumiendo, vivir con un miedo constante y no poder disfrutar con su familia de un rico refresco de cola.
El conocimiento nos permite elegir. Debemos perder el miedo a saber que estamos comiendo, informarnos todo lo que podamos y contrastar esa información. Mirar cada una de las etiquetas de los productos. Debemos pensar que los aditivos son herramientas que nos permiten mejorar los alimentos, pero que usados de forma errónea pueden provocar graves problemas de salud. Tener nuestra opinión propia y no dejarnos llevar por la masa. En definitiva, debemos evitar que nos engañen.
Bibliografía
- Ediciones Obelisco (1990). Guía de aditivos ,conservantes y colorantes en la alimentación.